Por Gloria Isela Treviño
Confieso que lo que más me sorprendió de lo ocurrido en el Museo del Ferrocarril no fue el lanzamiento de huevos ni los gritos contra Héctor Martín Garza González, “El Guasón”.
Lo que me sorprendió fue que nadie pareciera sorprendido.
Todo ocurrió con una naturalidad inquietante. Como si fuera normal que una persona llegara a un evento literario con huevos preparados. Como si fuera normal que una presentación de libro terminara convertida en un ajuste de cuentas político. Como si fuera normal expulsar a alguien de un espacio público mientras la autoridad observa desde la barrera.
Mientras el alcalde Carlos Peña Ortiz arribaba al recinto, a unos metros Héctor Garza esquivaba reclamos, consignas y huevazos. La escena se desarrolló frente a decenas de asistentes y nadie pareció dispuesto a detenerla.
Y eso es precisamente lo que me hace ruido.
Paco Ignacio Taibo II vino a Reynosa a presentar su más reciente novela. Era una oportunidad para hablar de literatura, historia, ideas y política desde los libros. El evento fue organizado por el Sindicato Industrial Autónomo de Maquiladoras de la República Mexicana, SIAMARM, encabezado por el diputado local con licencia Alberto Lara Bazaldúa, una organización con capacidad de convocatoria entre miles de trabajadores de la industria maquiladora.
Pero antes de que iniciara la presentación, la historia cambió de rumbo.
Los reflectores dejaron de apuntar al escritor y se concentraron en la entrada del museo.
Las manifestantes acusaban a Héctor Garza de misoginia y de presuntas expresiones ofensivas contra trabajadores originarios de Veracruz. Son señalamientos que los manifestantes no pudieron comprobar en el momento, y que de ser ciertos, merecen discutirse y debatirse. Pero el debate nunca ocurrió.
Lo que ocurrió fue una expulsión pública.
Y aquí aparece una pregunta que no deja de rondarme.
Héctor Garza no llegó por casualidad al museo.
No apareció porque pasaba por ahí.
No se coló.
No irrumpió en un evento privado.
Llegó a una actividad pública a la que habían sido convocados invitados, actores políticos y representantes de distintos sectores.
Entonces, si su presencia era tan incómoda para algunos, ¿por qué estaba ahí?
Y si quienes lo encararon sabían que asistiría, también sabían cuándo llegaría y por dónde entraría.
Por eso resulta inevitable preguntarse si estamos frente a una protesta espontánea o frente a una demostración de fuerza política.
No tengo la respuesta.
Pero sí sé que alguien llegó preparado con huevos a un evento literario.
También sé que, al final, la conversación giró alrededor de Héctor Garza y no alrededor del libro de Taibo II.
Y sé que si la intención era exhibir al exdiputado, el resultado fue convertirlo en el personaje principal de la jornada.
Hay otra coincidencia que llama la atención.
Garza González ha sido diputado local, candidato a gobernador, funcionario federal durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y recientemente reapareció en actividades de Morena llamando a la unidad del movimiento encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Estamos entrando en tiempos donde comienzan a moverse nombres, grupos y aspiraciones políticas.
Por eso vale la pena preguntarse quién ganó realmente con lo ocurrido esa tarde.
Porque en política los mensajes rara vez son casualidad.
Y las demostraciones de fuerza tampoco.
Mientras tanto, la autoridad brilló por su ausencia.
El Museo del Ferrocarril es un espacio público. No una propiedad privada. No una sede partidista. No un lugar donde un grupo decide quién entra y quién sale.
Sin embargo, una persona fue obligada a retirarse sin que nadie interviniera.
Después llegaron elementos de seguridad, pero para entonces los videos ya circulaban, las fotografías ya estaban tomadas y la imagen del día ya estaba construida.
Tampoco deja de llamar la atención que todo ocurriera frente a figuras políticas que optaron por mantenerse al margen.
A veces las omisiones también son mensajes.
Lo ocurrido en Reynosa va mucho más allá de Héctor Garza.
Va más allá de los huevos.
Va más allá de una protesta.
Lo verdaderamente preocupante es la facilidad con la que un evento cultural fue desplazado por una confrontación política.
Lo más triste es que Paco Ignacio Taibo II vino a Reynosa a presentar un libro dentro de la gira “Prohibido Rendirse”. Sin embargo, la literatura fue desplazada por una confrontación que terminó beneficiando más a los actores políticos presentes que a la cultura misma.
Durante varios minutos, la literatura dejó de importar.
Los personajes dejaron de estar en las páginas.
Y se subieron al escenario.
