Mayra René lleva su mundo interior al surrealismo a través de sus muñecas artísticas

La creadora reynosense compartió en la Casa Comunitaria de Libro su acercamiento a Remedios Varo y Leonora Carrington y explicó el proceso creativo detrás de “La mujer en la torre”

Por Gloria Isela Treviño

Una mujer observa desde lo alto de una torre. En sus manos hay ojos que parecen ampliar su capacidad para mirar más allá del horizonte. La escena pertenece a “La mujer en la torre”, una de las creaciones más recientes de la artista reynosense Mayra René, quien ha construido durante más de 20 años un universo propio a través de muñecas artísticas de colección.

La pieza fue uno de los puntos de partida de la charla que la también escritora ofreció en la Casa Comunitaria de Libro, “Víctor González”, dirigida por el promotor de lectura Damián Gonzalez, donde habló sobre el surrealismo en México, la obra de Remedios Varo y Leonora Carrington y la manera en que ambas creadoras han influido en su formación artística.

Más que una revisión de la historia del surrealismo, la conversación permitió conocer cómo una artista transforma sus referencias en un lenguaje personal. En el caso de Mayra René, la influencia de Varo y Carrington convive con experiencias, ideas y personajes que han surgido de su propio proceso creativo.

La artista explicó que muchas de sus figuras aparecen a partir de trazos e ideas que posteriormente adquieren forma. No siempre existe una planeación rígida; algunas veces el personaje termina marcando el rumbo de la obra.

“Así como van se me dan los garabatos, pues así se me dan los personajes”, explicó al hablar de esa forma espontánea de crear.

Ese método puede observarse en “La mujer en la torre”, una pieza construida con pasta de arcilla de secado al aire, madera y elementos de acrílico. La figura femenina permanece sobre una estructura elevada, mientras sus manos, además de formar parte de la composición, incorporan ojos como un recurso simbólico.

La imagen propone una mujer con una capacidad de observación que rebasa la mirada convencional. Los ojos en las manos representan, para la creadora, la posibilidad de percibir lo que ocurre alrededor y mirar incluso hacia aquello que todavía no sucede.

La torre también cumple una función dentro de la lectura de la obra. Desde esa posición elevada, la mujer observa el entorno desde otra perspectiva, como si la distancia le permitiera ampliar su campo de visión.

El resultado tiene elementos que pueden remitir al imaginario surrealista, pero Mayra René establece una diferencia importante: “La mujer en la torre” no fue concebida como una réplica del trabajo de Remedios Varo o Leonora Carrington.

Después de años de estudiar, admirar y dialogar con la obra de ambas creadoras, esos referentes forman parte de su bagaje, pero ya no determinan cada una de sus piezas.

“Ya es parte de mi estilo y ya me sale de manera natural”, señaló.

Ese tránsito entre la influencia y la identidad propia es precisamente uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria. Mayra René no solamente crea personajes; construye pequeñas historias mediante formas, materiales, vestuario y símbolos que pueden adquirir distintos significados frente al espectador.

Su proceso tampoco termina en el boceto. La artista explicó que suele comenzar con una idea, pero durante la elaboración permite que la propia pieza modifique algunos elementos. La obra, dijo, también puede “hablarle” y llevarla por un camino distinto sin perder la esencia de la concepción original.

En sus creaciones predominan los personajes femeninos y también figuras que no responden necesariamente a una identidad masculina o femenina definida. Son parte de un repertorio que ha ido creciendo con los años y que puede encontrarse también en el trabajo que la artista comparte a través de internet.

Detrás de esas figuras existe además un componente afectivo. Mayra René habló durante la charla de una de sus piezas favoritas, una que ya no conserva porque fue adquirida, pero con la que mantiene un vínculo especial por estar relacionada con su sobrina.

Ese detalle revela otra dimensión de su trabajo: sus muñecas no son únicamente objetos de colección. Algunas terminan concentrando recuerdos, afectos y experiencias que forman parte de la historia personal de quien las crea.

La charla en la Casa Comunitaria de Libro permitió conocer así el recorrido de una artista que encontró en el surrealismo un punto de referencia, pero que con el paso de los años ha ido desplazando esas influencias hacia un territorio propio, donde sus personajes, sus materiales y su imaginación encuentran una identidad reconocible.