Por Gloria Isela Treviño
Durante varios días, miles de familias de Reynosa vivieron una realidad que nadie puede discutir: abrir la llave y no encontrar una sola gota de agua. Hubo colonias que permanecieron hasta diez días sin el servicio, lo que provocó desesperación, molestia y finalmente una protesta ciudadana frente a las oficinas de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA). Hasta ahí no hay versiones encontradas. Es un hecho que la crisis existió y que fueron los ciudadanos quienes pagaron las consecuencias.
Lo que sí está en disputa es la narrativa de esa crisis.
El alcalde Carlos Peña Ortiz aseguró públicamente que la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) no estaba enviando a Reynosa el volumen de agua programado y lanzó un llamado para que la Federación liberara más agua desde las presas internacionales. Días después informó que su petición había sido atendida, anunció la liberación del recurso y aseguró que el suministro comenzaría a normalizarse. Al mismo tiempo, el Gobierno Municipal desplegó pipas de agua a través de Servicios Públicos Primarios para atender a las colonias afectadas.
La secuencia llamó la atención: primero se señaló a un responsable externo; después se anunció que el llamado había sido escuchado; finalmente apareció la autoridad municipal atendiendo directamente a la población. En términos de comunicación política, difícilmente podría construirse un relato más favorable.
Pero entonces apareció otra versión.
El secretario de Recursos Hidráulicos para el Desarrollo Social de Tamaulipas, Raúl Quiroga Álvarez, aseguró que los registros oficiales de la propia CONAGUA, de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) y del programa de extracción del año hidráulico muestran que el agua sí fue entregada conforme a lo programado. Más aún, sostuvo que si Reynosa presentó problemas mientras municipios como Río Bravo, Miguel Alemán o Matamoros no registraban una situación similar, la causa podría encontrarse en la operación interna de COMAPA.
Y es justamente ahí donde comienza el verdadero debate político.
Porque ambas versiones no pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Si CONAGUA incumplió con el envío del agua, entonces el reclamo del alcalde estaba plenamente justificado. Pero si los datos técnicos confirman que el volumen sí fue entregado conforme a la programación oficial, entonces la explicación tendría que buscarse dentro del sistema de distribución local.
La pregunta es inevitable: ¿qué fue realmente lo que ocurrió?
Más aún cuando COMAPA Reynosa es un organismo paramunicipal cuyo Consejo de Administración es presidido por el propio alcalde. Si bien el Gobierno del Estado participa en la regulación, coordinación y planeación de la política hídrica mediante la Secretaría de Recursos Hidráulicos, la operación cotidiana del organismo también corresponde al ámbito municipal. Gobernar implica asumir los aciertos, pero también responder por las fallas.
Mientras tanto, los ciudadanos hicieron lo único que podían hacer: esperar. Esperar a que llegara el agua. Esperar una explicación. Esperar que alguien asumiera responsabilidades. En cambio, lo que encontraron fue una confrontación de versiones entre autoridades.
Y en medio de esa confrontación también apareció otro elemento que no puede ignorarse. A menos de un año del inicio del proceso electoral de 2027, varios funcionarios municipales han incrementado notablemente su presencia pública. No tiene nada de ilegal; forma parte de la dinámica política. Sin embargo, precisamente por ello, cualquier acción de gobierno será observada con un mayor nivel de escrutinio. La ciudadanía tiene derecho a preguntarse si las decisiones responden exclusivamente a criterios técnicos o si también comienzan a influir los tiempos políticos.
No se trata de descalificar la entrega de agua mediante pipas ni de minimizar el trabajo realizado durante la contingencia. Tampoco de asumir, sin pruebas, que existió una estrategia deliberada para obtener rentabilidad política. Se trata de algo mucho más simple y mucho más importante: exigir claridad.
Porque cuando dos autoridades ofrecen explicaciones completamente opuestas sobre un mismo problema, alguien necesariamente está equivocado.
Y mientras ese debate continúa, las familias de Reynosa siguen esperando algo mucho más importante que una buena narrativa: que el agua salga de la llave y que alguien les explique, con datos verificables, por qué durante tantos días eso no ocurrió.
