Regresa a Reynosa 51 años después y encuentra una ciudad distinta a la que lo marcó de niño

Francisco Gastélum, conocido como Jessica Esotérica, recordó la persecución que presenció contra personas homosexuales cuando cruzó la frontera siendo menor de edad; hoy reconoce avances, pero advierte que el mayor reto sigue siendo la unidad dentro de la propia comunidad LGBT+.

Por Gloria Isela Treviño

Hace poco más de medio siglo, Francisco Gastélum Valdés atravesó Reynosa siendo un niño en su camino hacia Estados Unidos. La imagen que conservó durante décadas no fue la de una ciudad fronteriza en crecimiento, sino la de hombres homosexuales corriendo para escapar de la policía y buscar refugio en los baños de comercios del centro. Este sábado volvió convertido en Jessica Esotérica, una de las figuras más conocidas de la comunidad LGBT+ en redes sociales, y encontró una ciudad que, asegura, ha recorrido un largo camino hacia la inclusión.

Su regreso coincidió con las actividades de la undécima Marcha del Orgullo LGBT+ de Reynosa, donde fue invitado especial. Antes de hablar del personaje que millones de personas conocen en internet, eligió presentarse con su nombre de nacimiento. Después hizo una pausa para regresar, con la memoria, a la frontera que conoció cuando era menor de edad.

Recordó que en aquellos años las personas homosexuales vivían entre el miedo y la clandestinidad. Contó que era común ver redadas y persecuciones, mientras muchos buscaban esconderse en establecimientos como el antiguo Hotel Sevilla, el Dragón Rojo o la Fonda del Sol para evitar ser detenidos o agredidos. Aquellas escenas, dijo, contrastan con la Reynosa que hoy abre espacios para una marcha de la diversidad y reúne a familias, colectivos y autoridades en torno a una misma causa.

Sin embargo, aclaró que la igualdad no termina con el reconocimiento público ni con las movilizaciones anuales. A su juicio, el siguiente paso consiste en dejar atrás las diferencias que todavía existen entre los propios integrantes de la diversidad sexual.

Explicó que la bandera del orgullo representa precisamente la convivencia de distintas identidades y, por ello, consideró incongruente que aún existan espacios donde algunas personas sean excluidas por su orientación sexual o identidad de género.

Más que un discurso de celebración, Gastélum convirtió su participación en un llamado a reconstruir la solidaridad dentro de la comunidad. Invitó a dejar de competir entre organizaciones, evitar los protagonismos y construir alianzas permanentes que permitan fortalecer los derechos conquistados durante décadas de lucha. “No esperen una marcha para ser unidos; seamos unidos todo el año”, resumió durante su intervención.

La conferencia también estuvo marcada por episodios personales que explican parte de su historia. Compartió que durante muchos años evitó regresar a México debido a experiencias de violencia y abuso vividas en su infancia, pero aseguró que con el tiempo descubrió un país distinto, con mayores espacios para la diversidad y una sociedad que, aunque todavía enfrenta desafíos, ha mostrado una evolución importante respecto a la que conoció cuando dejó la frontera.

Lejos de concentrarse únicamente en el reconocimiento de derechos, dedicó parte de su mensaje a las nuevas generaciones. Manifestó su preocupación por la desinformación que persiste en temas de salud sexual y pidió reforzar la educación sobre el uso del preservativo, la prevención del VIH y el ejercicio responsable de la sexualidad, al considerar que ningún avance médico sustituye la información y el autocuidado.

También dirigió un mensaje a las mujeres trans, a quienes exhortó a ampliar sus oportunidades de desarrollo profesional y educativo. Desde su experiencia personal, sostuvo que el entorno donde una persona inicia su vida no determina su futuro y que hoy existen mayores posibilidades para abrirse camino en distintos ámbitos laborales y de servicio público.

Uno de los momentos más emotivos de su participación llegó al reconocer el papel que históricamente han desempeñado muchas madres en la aceptación de hijos e hijas de la diversidad sexual. Recordó que, incluso en las épocas de mayor discriminación, fueron ellas quienes ofrecieron protección, comprensión y refugio cuando otros espacios permanecían cerrados. Para Gastélum, ese acompañamiento sigue siendo una de las bases sobre las que se construye una sociedad más incluyente.

La visita de Francisco Gastélum a Reynosa ocurre en el marco de la undécima Marcha del Orgullo LGBT+, una movilización que año con año reúne a colectivos, activistas y ciudadanos para visibilizar la diversidad sexual y promover el respeto a los derechos humanos. Más allá del recorrido, su mensaje dejó una reflexión sobre el cambio que ha experimentado la frontera: una ciudad donde hace cinco décadas la persecución obligaba a esconderse y que hoy ofrece un espacio para caminar a plena luz del día.