El conflicto en el Estrecho de Ormuz ya encarece el transporte marítimo hacia México, tras el aumento de entre 5 y 10 por ciento de las primas de seguros de cascos para embarcaciones expuestas al riesgo, un alza que comienza a trasladarse a mayores precios de bienes de consumo, señaló en entrevista Astrid Karam, líder de Marine & Cargo en Marsh México.
“Desde febrero, al menos 16 embarcaciones que atravesaron el Estrecho de Ormuz han sido impactadas por el conflicto, por lo que las principales navieras han decidido desviar sus rutas al cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica”, indicó Karam.
Este ajuste implica trayectos más largos (hasta 20 días adicionales), mayor consumo de combustible y presión adicional sobre los fletes, factores que ya empiezan a trasladarse a la economía mexicana.
Las afectaciones ya alcanzan mercancías que llegan a puertos como Altamira, Tampico y Veracruz, particularmente en rutas provenientes de Asia con escalas en Medio Oriente y Europa.
Ante este escenario, las empresas ya ajustan su logística para evitar interrupciones en su operación.
“Tenemos clientes que ya tuvieron que tomar decisiones para desviar o redirigir sus embarques para evitar afectaciones en su cadena de suministro”, explicó.
Petróleo supera los 100 dólares ante tensiones entre EU e Irán
El impacto dependerá de la capacidad de las compañías para absorber costos o mantener inventarios, ya que de lo contrario el encarecimiento logístico podría trasladarse de forma directa a los precios finales o incluso derivar en escasez de productos.
Aunque México no ha registrado interrupciones en el suministro de energéticos, el encarecimiento global ya se transmite a los precios internos.
“Al ser un commodity cuyo precio está influido por el comercio mundial, si está subiendo en todo el mundo el diésel, gasolina y gas, se ve reflejado en México”, explicó.
En un entorno donde los costos logísticos globales seguirán al alza mientras persista el conflicto, la especialista consideró que podrían abrirse oportunidades para México como nodo logístico.
“Posiblemente esta sea una segunda oportunidad para los proyectos de nearshoring que no se cristalizaron, muchas empresas podrían ver a México no solamente como un país manufacturero, sino como un lugar que les ayude a gestionar dificultades logísticas”, dijo.
